Precalentamos el horno a 165ºC con calor arriba y abajo. Además, preparamos el molde, en nuestro caso uno de 20 cm, ponemos papel vegetal en la base y untamos ligeramente con mantequilla las paredes. Aprovechamos también a pelar y triturar las zanahorias en crudo. Hacer lo mismo con las nueces y las reservamos.
En primer lugar, mezclamos los ingredientes húmedos de la siguiente manera. Echamos los huevos, le incorporamos la pasta de datil y batimos bien. Tras ello agregamos el resto, el yogur, la esencia de vainilla y el AOVE. Mezclar hasta que quede bien integrado. Después, en otro bol mezclamos los ingredientes secos: harina integral, harina de almendra, levadura, canela, nuez moscada y sal en un bol y los incorporamos a la mezcla. Para ello, tamizamos con la ayuda de un colador y mediante la batidora de varillas integramos todo muy bien. (Como es un bizcocho muy húmedo no es necesario separar clarar y yemas).
Una vez bien mezclado todo, llega el turno de añadir las zanahorias y las nueces trituradas, mezclar bien hasta que quede homogéneo. Tras ello, vertemos en el molde y llevamos al horno que previamente habíamos dejado precalentado a 165ºC. El tiempo de horneado va variar en función de tu horno. Nosotros horneamos durante 45 minutos, pero recomendamos que estéis pendientes. Antes de sacarlo, comprueba con un palillo que se ha cocinado por completo. Si sale ligeramente húmedo, déjalo más tiempo, cinco o diez minutos más. Una vez horneado, desmolda y colócalo sobre una rejilla para que se enfríe.
Mientras tanto, elaboramos el frosting para meterlo un poco en la nevera y ayudar a que se asiente. Para el nuestro, ponemos el eritritol en un vaso de batidora y lo molemos, para hacerlo "azúcar glace". Además, añadimos queso light Philadelphia y el mascarpone. Mezclamos bien hasta que no queden grumos y lo reservamos en el frigorífico.
Por último, decoramos con el frosting y un poco de nueces por encima de trozos como en la foto.